Lágrimas de cocodrilo por Grecia, por Bruno Adrie

Después de pedir un perdón lloriqueante a los marxistas del mundo entero, el no-marxista Alexis Tsipras ha presentado ante el parlamento su paquete de leyes, prolongando así el martirio griego. Como lo subraya este comunicado Reuters del 16 de julio de 2015, este nuevo paquete concierne las jubilaciones, el IVA, este impuesto trasladado de los ricos hasta el conjunto de los consumidores, y promete un incremento en la liberalización de la economía, lean ustedes « un aumento de la capacidad de saqueo de los bienes públicos por las fuerzas financieras locales e internacionales » con, pero parece tan evidente que a uno ni siquiera se le ocurre mencionarlo a primera vista, una reducción de los gastos públicos, entiendan, « no militares. » Si eso no es vender su pueblo, habrá que buscar otro ejemplo más flagrante : quizás Pinochet o la Junta argentina del 24 de marzo de 1976. Cabe decir que los métodos de los militares han dejado recuerdos. Cabe decir también que parte del pueblo argentino se había sublevado en armas y que el pueblo chileno había encontrado en Salvador Allende a un hombre valiente, determinado, listo para pelearse y a morir. Un hombre mayor y comprometido quien, incluso bajo los bombardeos nunca quiso abandonar su sueño de justicia para todos y no tuvo, por eso mismo, motivo para pedir perdón ya que era el mejor de todos. Esto nos sitúa lejos del joven Tsipras, sonriente ante su “diktat” mientras, a unos pocos metros de allí, gasean a los manifestantes que intentan decir con cocteles Molotov lo que las palabras no han podido hacer llegar hasta los oídos de la gran mayoría de los diputados de Syriza.

La Grecia de Tsipras, de la que sabemos ahora que pertenece a la Internacional de los ricos y de los partidarios de la Europa a toda costa, ha debido, para llegar a firmar la esclavización de toda una nación, deshacerse de Yanis Varoufakis quien, digan lo que digan – y es verdad que uno puede sentirse perplejo ante el pequeño teatro de los acontecimientos visibles y difícilmente comprensibles cuando uno no es el dios Schaüble –, era, a todas luces, un obstáculo al buen desarrollo de la matanza programada. El acontecimiento deberá servir de lección a todos los que todavía creen que los referéndums son algo más que sondeos y que el pasado 5 de julio, Tsipras iba a devolverles Europa a los Europeos. En Europa, en particular en Europa occidental, los pueblos han dejado de existir políticamente, con excepción de algunos sectores que siguen pensando, y se entregan a aprender de memoria las formulas listas-para-tragar de las cadenas de televisión comercial y de sus locutores ridículos, bien peinados y dotados de tarjetas de prensa para dárselas de periodistas. Ya no hay pueblo, en todos casos, ha dimitido y tal como lo decía Margaret Thatcher, filósofa y socióloga británica, muerta en el tormento de una locura que la había poseído durante toda su vida y que acabó por volverse contra ella : “¡No hay sociedad alguna, sólo hay individuos!” (entrevista otorgada a la revista Woman’s Own, 31 de octubre de 1987)

Sin embargo, muy temprano, ya pudo parecer extraño el que Syroza no quisiera salir del euro, la única solución válida en término medio, según el economista Costas Lapavitsas, quizás más culto y más capaz de juzgar el tema que nuestros periodistas que sólo tienen en boca el prerrequisito del mantenimiento en la Eurozona.

Manolis Glezo, un miembro de Syriza en el parlamento europeo ya había dado la alarma un mes después de la llegada de Alexis Tsipras al poder y ya pedía disculpas, disculpas dignas de fe esta vez, por la ausencia de toma de posición definitiva contra la austeridad.

« El pueblo griego ha votado a favor de lo que Syriza ha prometido: para que se ponga fin al régimen e austeridad que es la sestrategia, no sólo de las oligarquías de Alemania o de los demás países acreedores, sino también de la oligarquía griega; para que se abroguen el Memorándum y la Troika y toda la legislatura “austeritaria”; para que, al día siguiente, con una sola ley, se abolezca la Troika y sus consecuencias. Un mes ha pasado y esta promesa no se ha convertido en actos. Eso es muy triste. Por lo que a mí se refiere, le pido disculpas al pueblo griego por haber asistido a esta ilusión. Antes de continuar en la mala dirección, ¡reaccionemos!”

Pero, ¿de qué ilusión hablaba Manolis Glezos? ¿Del proyecto de Syriza? Cierto que no, ya que se mostraba fiel a los objetivos y creía que debía seguir la lucha contra el plan oligárquico de austeridad. No, la ilusión, según él, era Syriza y su líder – ¿qué o quién iba a ser? – Alexis Tsipras, el hombre que no murió en los bombardeos, el hombre que ni siquiera dimitió ante el fracaso, el hombre de las lágrimas de cocodrilo que pide disculpas ante todos los marxistas del mundo. ¿Piensa acaso que la Historia se hace pidiendo disculpas? Allende, vencido, nunca pidió disculpas. No hizo ninguna concesión, se negó a abandonar el Palacio de la Moneda, prometió que la lucha continuaría y murió.

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”

Bruno Adrie