Grecia: la verdad sale de la boca de «Foreign Affairs», por Bruno Adrie

En un artículo de Mark Blyth titulado « A Pain in the Athens: Why Greece Isn’t to Blame for the Crisis” y publicado el 7 de julio de 2015 en la revista Foreign Affairs, uno puede descubrir unas afirmaciones sorprendentes, tanto más cuando se sabe que esta revista es publicada por el Council on Foreign Relations que reúne toda la élite americana, y en particular la élite bancaria neoyorkina que representa la mayoría de sus miembros (ver al respecto: Laurence H. Shoup and William Minter, Imperial Braintrust : The Council on Foreign Relations and United States Foreign Policy, 1977).

Según su autor, “Grecia tiene poco que ver con la crisis que lleva su nombre.” Y para ayudarnos a comprenderlo, nos invita a “seguir el dinero y los que lo reciben.” Según él, los orígenes de la crisis no deben buscarse en Grecia sino “en la arquitectura del sistema bancario europeo.” En efecto, durante las dos primeras décadas del euro, los bancos europeos, atraídos por fáciles ganancias, concedieron préstamos masivos en los países  que el autor llama “la periferia europea” y en 2010, en plena crisis financiera, los bancos habían acumulado un volumen de valores periféricos despreciados (« impaired periphery assets”) correspondientes a un valor de 465 mil millones de euros para los bancos franceses y de 493 mil millones de euros para los bancos alemanes. “Sólo una mínima parte de estas deudas era griega” pero el problema fue que en 2010, Grecia anunció un déficit revisado del 15% de sus PIB. No era nada para preocuparse porque, en realidad, sólo representaba el 0,3% de la suma de los PIB de la Eurozona. Pero, a causa de sus inversiones periféricas, y sobre todo de un efecto palanca doble de los bancos americanos – entonces con un riesgo doble también – los bancos europeos temieron que el incumplimiento del pago de parte de Grecia provocara su desplome. He aquí lo que pasó en realidad. La insaciable voracidad de los bancos les llevó a cometer graves imprudencias y estos bancos no aceptaron, como siempre, asumir su fracaso y se las arreglaron para que otros pagaran el pato. Nada nuevo bajo el cielo dorado de la Banca, excepto que, en este caso, las cosas fueron más allá de lo habitual.

Entonces, estos bancos pusieron en marcha el programa de la Troika a fin de que se evitara un pánico bancario en el mercado obligacionista (« bond market bank run »). No les importaba que su decisión provocara un aumento del paro de un 25% y destruyera la tercera parte del PIB del país. Esto no es nada para los banqueros.

Para esto sirvieron los rescates. En apariencia, iban destinados a Grecia, pero fueron elaborados por y para los grandes bancos europeos. Hoy, la situación es tal que, teniendo en cuenta el hecho de que los griegos ya no pueden financiar los bancos franceses y alemanes, se solicita la ayuda de los contribuyentes europeos.

Grecia sólo ha sido la tubería por donde ha pasado el dinero que debía salvar los bancos franceses y alemanes. De un total de 203 mil millones de euros correspondientes a la suma de los dos rescates (2010-2013 et 2012-2014), el 65% ha llegado directamente a las arcas de los bancos. Algunos afirman incluso que el 90% de los préstamos ni siquiera pasó por Grecia. Esta opinión, expresada en las columnas de Foreign Affairs no tiene nada de heterodoxo. Incluso la confirma el jefe de la Bundesbank, Karl Otto Pöhl, quien admitió que el rescate había tenido por objetivo salvar los bancos, y en particular los bancos franceses de sus de deudas podridas.

Entonces, pese a que Alemania declaró el incumplimiento del pago de sus deudas cuatro veces a lo largo del siglo XX, hoy seguirá insistiendo para que Grecia pague, con el apoyo de Francia. Lo quiera o no el ignorante y prolijo French philosopher cuyo « escote » todo el mundo conoce pero que nadie quiere oír más, François Hollande no ha sido generoso con Grecia. Muy al contrario, es Grecia quien ha sido generosa, de una generosidad forzosa, con los bancos franceses, antes de que estos mismos bancos exigieran la ayuda del contribuyente francés, en el momento en que este último está celebrando su Revolución, con la cabeza llena de fuegos artificiales de ideas preconcebidas.

Mark Blyth termina su artículo exponiendo lo que el economista francés Frédéric Lordon ya ha explicado detalladamente en su artículo “Le crépuscule d’une époque “, o sea que el Banco Central Europeo no desempeña su papel de banco central y que actúa aún menos como un banco políticamente independiente.

Según él, nunca hemos comprendido Grecia porque nos hemos negado a ver esta crisis como lo que es en realidad : una continuación del plan de rescate de los bancos privados que empezó en 2008. Esto se llama cambio en la continuidad.

Nos preguntamos cómo los franceses, que son tan sabios y cultos, y tan rápidos en dar su opinión porque lo saben todo, pueden seguir soportando las dementes vociferaciones de los directores de opinión del mundillo periodístico parisino tal como los describe el excelente Pierre Rimbert, en su artículo « Syriza delenda est » de Le Monde diplomatique de julio de 2015. En vez de sepultar Grecia, deberíamos deshacernos de las bocas deformes y arrogantes de los Demorand, Elkabbach, Giesbert, Baverez, Barbier, Aphatie y otros, mandándoles al desierto en medio de los escorpiones traicioneros y de las víboras venenosas que son sus hermanos respetables y mudos.

Bruno Adrie

Ver Mark Blyth, Matthias Matthijs  The Future of the Euro, Oxford University Press, 2015

* una definición del efecto palanca la da Frédéric Lordon en el articulo “ »Si le G20 voulait… » (“si el G20 quisiera…”) de su blog del Monde diplomatique « La Pompe à phynance »: “el efecto palanca, que comprende todos los procedimientos que permiten tomar opciones más importantes de lo que permiten los meros recursos del inversionista, es una plaga.” Tiene “durante la burbuja, la “excelente” propiedad de hacer que se disparen los beneficios (…) Tiene también “desafortunadamente, el inconveniente simétrico de multiplicar las pérdidas cuando bajan los valores.”